jueves, 16 de abril de 2026

BIOGRAFÍA DE EDUADO ABEL GIMÉNEZ AUTOR DE BICHONARIO

 


Biografía

Eduardo Abel Giménez nació cerca de Buenos Aires, en 1954. Fue músico, hizo revistas de ingenio y de crucigramas, programó computadoras, y empezó a escribir desde chico.

Publicó su primer libro, El fondo del pozo (una novela para adultos), en 1984, y a partir de entonces aparecieron unos doce o quince más.

Entre ellos hay novelas juveniles (Un paseo por CamarjaliMonstruos por el borde del mundoQuiero escapar de BrigitteEl viajero del tiempo llega al mundo del futuro).

Hay libros álbum (Como agua, con Cecilia Afonso Esteves, El hilo, con Claudia Degliuomini).

Hay humor (Bichonario, con Douglas Wright, en varias ediciones y formatos).

Hay libros de juegos para resolver (La caja mágica y la colección El laberinto de los juegos, ambos con Douglas Wright; y Días de fuga de la prisión multiplicada).

Hay un libro de cuentos (La Ciudad de las Nubes). Además, Eduardo es fundador de Imaginaria (imaginaria.com.ar), revista en la Web sobre literatura infantil y juvenil, que codirige desde 1999 con Roberto Sotelo.

Por encima de todo, Eduardo tiene un hijo, lee mucho, y juega mucho con su computadora.




miércoles, 15 de abril de 2026

BIOGRAFÍA DE UNA ESCRITORA: MARIANA KIRZNER

 



LA NUBE

La nube

Los cuatro amigos duermen dentro de la cueva abrigándose con el calor de los perros.

La fogata está encendida. Abril calienta sus manos por encima de las llamas. Saca del bolsillo su celular y mueve sus dedos escribiendo en el teclado que imagina sobre la pantalla negra. Repite esta acción de manera automática una y otra vez recordando su otra vida. No distingue si pasaron meses o años.

Ahora están en las cuevas, como en la época de las cavernas. Hasta físicamente ya se parecen a los primeros humanos. Abril había visto imágenes en internet. “Somos homo sapiens evolucionados que involucionaron”, piensa. Ahora la historia ha vuelto atrás en una real pesadilla.

Abril se recuesta a la intemperie. Uno de los perros se acomoda a su lado. Mientras acaricia al animal que la abriga con su cuerpo peludo, mira el cielo que no es celeste, ni gris y va cambiado de color. No están las nubes, nunca sale el sol y tampoco la luna.

En este cielo se ven archivos, datos, fotos, videos, mensajes, códigos, contraseñas. Infinidad de información que va y viene.

Los cuatro amigos, además de salir a cazar y a recolectar plantas para comer, pasan las horas del día contemplando el mundo a través de ese cielo.

Abril no puede dormir. Recuerda todo como si hubiera pasado ayer.

 Comenzó o terminó en un día común, como cualquier otro.

Abril se levantó temprano para imprimir el trabajo de geografía. La impresora se le trabó con el papel que quedó adentro. No pudo hacerla funcionar. Fue a la cocina a prepararse una leche, pero cuando puso el vaso en el microondas, se cortó la luz. Su mamá se levantó y subió la térmica para recobrar la electricidad.

Abril grabó el trabajo en un pen drive. Estaba por salir cuando escuchó gritos. Unos vecinos se habían quedado encerrados en el ascensor.

Y el día siguió con incontables desperfectos: El celular de Abril tenía poca batería en media hora a pesar de que lo había cargado al 100%. El timbre de la escuela sonaba sin parar, descontrolado y los maestros no podían detenerlo. En el primer recreo las computadoras se encendieron solas y estallaron. El cocinero salió corriendo a buscar a la directora porque la heladera se incendió. Explotaron los tubos de luz de la sala de música y despidieron un humo negro que los asfixiaba. Activaron el plan de evacuación y los alumnos y docentes fueron a la escuela más cercana. Allá tenían los mismos problemas. Pero lo que la hizo entrar en pánico fue un mensaje que llegó a todos los celulares del mundo al mismo tiempo. Abril lo leyó en el de una compañera para ahorrar la poca batería que tenía el suyo.

Decía:

“¡Algunos quedarán almacenados!”.

Aunque la mayoría pensó que se trataba de una broma de mal gusto y nadie le dio demasiada validez al texto, Abril tuvo miedo.

A raíz de ese mensaje, muchas personas enviaron toda clase de comentarios, mensajes, memes, burlas y predicciones falsas por las redes sociales. Y a las cuatro de la tarde sucedió. Estallaron algunos celulares, y generaron un humo amarillento. El cielo quedó completamente cubierto y el olor era insoportable. Abril se recuerda en el patio de la otra escuela con los ojos llorosos y tapándose la nariz para no inhalar. Esa fue la única imagen que le quedó, porque después se desmayó. 

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Y cuando despertó ya estaba junto a Francisco, Javier y Tamara, ahí, en la nube de internet.

A pesar de las investigaciones que los cuatro realizan, no saben en cuál de los servidores están. Tratan de descubrirlo para poder volver. Por eso van relacionando los datos, las fotos, archivos y todo lo que descubren.

—Estamos almacenados —dice Francisco.

—¿Habrá otros como nosotros en otros servidores? —pregunta Javier.

—Tenemos que encontrar la manera de mandar un mensaje —dice Abril.

—Es imposible. Si no tenemos electricidad, menos tendremos conexión…

—se queja Javier—. Pensemos con tranquilidad. ¿Cuáles son los riesgos de estar en la nube?

—pregunta Francisco—, pueden ser beneficiosos para nosotros.

—Cuando me pasaba horas conectada, mi papá me decía que no podemos estar seguros de quiénes ven lo que subimos, que dejamos de tener control de nuestros archivos, imágenes y datos. No sabemos si están o no protegidos y estamos obligados a confiar información personal o confidencial a otro. Pienso que, tal vez, un hacker pueda intentar entrar en la nube. Pero, sin internet no hay nube…

—Entonces, si hay nube es porque hay conectividad —dice Francisco—. Tenemos que acercarnos al cielo de datos.

—¿Ustedes saben construir un avión? No, y yo tampoco —dice Javier con ironía.

Mientras ellos discuten, Tamara, que había permanecido callada, dibuja algo con una rama sobre la tierra.

—¿Qué es? —le pregunta Abril

—Un mapa. Tiene que haber una fractura, por algún lado entramos. No hay magia en esto.

—¡Un hacker! Necesitamos uno que pueda meterse en este servidor para sacarnos

—dice Francisco.

—¡Yo mejor me voy a dormir una siesta! Nada de lo que dicen tiene sentido —se queja Javier.

—Estamos pensando muy desordenados —advierte Abril.

Tratemos de evaluar todos los temas.

El tiempo pasa.

Tamara talla un calendario en una gran roca.

Abril fabrica un reloj de arena.

Francisco estudia de manera obsesiva cada perfil de las redes sociales.

Javier recolecta comida y duerme.

Juntos construyen un globo aerostático y lo envían al cielo de datos con algunas prendas que tenían cuando llegaron y también con los celulares que eran inservibles.

Los cuatro envejecen y mueren en las cuevas. Pero, Abril y Francisco han tenido un hijo.

Iván, que ya es adolescente, duerme dentro de la cueva abrigado con el calor de los perros. Está solo pero tranquilo en el único mundo que conoce. Hasta que los perros comienzan a ladrar con furia.

El chico sale de la cueva, el cielo lo encandila y lo enceguece. Cierra los ojos.

Cuando los abre está dentro de una habitación. Lo sabe porque sus padres le habían contado cómo eran las casas donde ellos vivían.

En un escritorio hay una joven escribiendo frente a una computadora.

—¡Te encontré! — le dice la hacker.

Un cuento del libro Malditos dispositivos. Editorial Mil Trazos.


martes, 14 de abril de 2026

BIOGRAFÍA DE UN ESCRITOR EDUARDO ABEL GIMÉNEZ

Biografía

Eduardo Abel Giménez nació cerca de Buenos Aires, en 1954. Fue músico, hizo revistas de ingenio y de crucigramas, programó computadoras, y empezó a escribir desde chico.

Publicó su primer libro, El fondo del pozo (una novela para adultos), en 1984, y a partir de entonces aparecieron unos doce o quince más.

Entre ellos hay novelas juveniles (Un paseo por CamarjaliMonstruos por el borde del mundoQuiero escapar de BrigitteEl viajero del tiempo llega al mundo del futuro).

Hay libros álbum (Como agua, con Cecilia Afonso Esteves, El hilo, con Claudia Degliuomini).

Hay humor (Bichonario, con Douglas Wright, en varias ediciones y formatos).

Hay libros de juegos para resolver (La caja mágica y la colección El laberinto de los juegos, ambos con Douglas Wright; y Días de fuga de la prisión multiplicada).

Hay un libro de cuentos (La Ciudad de las Nubes). Además, Eduardo es fundador de Imaginaria (imaginaria.com.ar), revista en la Web sobre literatura infantil y juvenil, que codirige desde 1999 con Roberto Sotelo.

Por encima de todo, Eduardo tiene un hijo, lee mucho, y juega mucho con su computadora.


JUGAMOS CON LAS CONTELACIONES

EXPLORADOR DEL CIELO

Descubre constelaciones y crea las tuyas

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LA FABULA DEL LEON Y EL RATÒN

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Fábula de Esopo — Trivia Interactiva

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lunes, 13 de abril de 2026

DESCUBRIENDO A ESOPO

 

LA VIDA DE ESOPO

Juego de Trivia para Niños

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Como jugar:

  1. Lee la pregunta sobre la vida de Esopo
  2. Toca la respuesta que creas correcta
  3. Cada acierto suma puntos
  4. Si fallas pierdes una vida
  5. Supera los 3 niveles para ganar