Biblioteca 3 DE 7 "UNICEF"
"Donde se quiere a los libros, se quiere a los hombres." Heinrich Heine
lunes, 20 de abril de 2026
BIOGRAFÌA DE CARLA DULFANO
CARLA
DULFANO: Nació y vive en Buenos Aires. Es
docente, y escritora de literatura infantil y juvenil. Se licenció como músico-terapeuta en la
Universidad Del Salvador de Buenos Aires y como Profesora de Música
especializada en Educación en el Conservatorio "Manuel de Falla" de
la ciudad de Buenos Aires.
HISTORIAS DE UN PAVO
El pavo Caruso
El pavo
Caruso se aburría y buscaba un amigo para jugar.
Un pollito
se acercó y le dijo:
—¿Jugás
conmigo?
—No, vos tenés un solo color. Busco alguien con plumas de muchos colores, como las mías.
El pollito
se alejó.
—¿Jugás
conmigo? —preguntó el sapo.
—No. Yo
quiero un amigo con plumas iguales a las mías.
El sapo se
fue.
Caruso entró
en un cobertizo y vio un pavo igual a él.
—Qué alegría —pensó—, por fin encuentro a alguien como yo.
Después movió una pata tímidamente en señal de saludo.
El otro pavo también lo saludó.
Caruso abrió las plumas para mostrar todos sus colores.
El otro pavo
hizo lo mismo.
—¿Jugamos a
las escondidas?
—preguntó Caruso—. Yo cuento, y vos te escondés…
Caruso se puso a contar, pero cuando abrió los ojos el otro pavo todavía estaba ahí.
—¡No te
escondiste!
Entonces contá vos y yo me escondo.
Caruso
corrió a esconderse.
Esperó mucho tiempo, pero el otro pavo no lo encontró.
Caruso salió
de su escondite y se lastimó el pico con una rama.
Volvió al
cobertizo y le dijo a su amigo:
—¿Por qué no
me buscaste? Ah… ya veo: vos también te lastimaste el pico,
pobre…
Y se acercó
a acariciarlo con una patita.
Pero no
pudo. Se golpeó contra algo muy duro y muy frío: era un espejo.
¡Su amigo no
era otro pavo! ¡Era él mismo, reflejado en un espejo!
Fue a buscar
al pollito y al sapo.
—¿Por qué
volviste? —le preguntaron.
Caruso
contestó:
—Es muy
aburrido estar con alguien tan igualito a mí…
Carla Dulfano
Te invitamos a conocer los datos curiosos sobre el Pavo Real
jueves, 16 de abril de 2026
PRESENTAMOS ALGUNOS CASOS DE BICHONARIO
CASO 01:
¿Qué
estará construyendo el tiburón martillo?
Bajo la luz filtrada del arrecife, donde el azul se vuelve cobalto, el
tiburón martillo no patrullaba en busca de presas. Movía su cabeza de lado a
lado con una precisión milimétrica, usando sus sensores para detectar algo más
que latidos: buscaba geometría.
En el centro de una fosa olvidada, estaba ensamblando una catedral
de cristal volcánico. No era un refugio, sino un faro sónico.
Con cada pieza de obsidiana que encajaba usando la fuerza de su morro, la
estructura vibraba en una frecuencia que solo las grandes criaturas de las
profundidades podían sentir.
El tiburón no estaba construyendo una casa; estaba construyendo
una antena de comunicación para convocar a la primera asamblea
de los océanos. El cristal brillaba con una luz interna, esperando el golpe
final que daría inicio a una nueva era bajo el agua.
La magia de las habilidades propias: En el arrecife, el pez globo, termina festejando la creación de una escuela llamada "Muestra tu magia", donde se celebra que cada criatura tiene talentos únicos sin necesidad de presumir o sentirse superior.
La valentía de las emociones: El Pez Globo festeja que sentir —incluso llorar— no es una debilidad, sino una forma poderosa de habitar el mundo.
En el mundo natural y en los relatos
de observación de aves, el colibrí picoespada (Ensifera
ensifera) suele pelear principalmente con el colibrí coruscans (también
conocido como colibrí rutilante) para defender su territorio y las flores de
las que se alimenta.
Debido a su carácter sumamente
territorial, el picoespada utiliza su pico —que es el único en el mundo más
largo que su propio cuerpo— como una verdadera espada en
duelos aéreos contra otros machos o especies competidoras.
Aunque es un ave ágil y valiente, en estos enfrentamientos a menudo se ve superado por el colibrí coruscans cuando este último ataca en mayor número de individuos.
BIOGRAFÍA DE EDUADO ABEL GIMÉNEZ AUTOR DE BICHONARIO
Biografía
Eduardo Abel Giménez nació cerca de Buenos Aires, en 1954. Fue músico, hizo revistas de ingenio y de crucigramas, programó computadoras, y empezó a escribir desde chico.
Publicó su primer libro, El fondo del pozo (una novela para adultos), en 1984, y a partir de entonces aparecieron unos doce o quince más.
Entre ellos hay novelas juveniles (Un paseo por Camarjali, Monstruos por el borde del mundo, Quiero escapar de Brigitte, El viajero del tiempo llega al mundo del futuro).
Hay libros álbum (Como agua, con Cecilia Afonso Esteves, El hilo, con Claudia Degliuomini).
Hay humor (Bichonario, con Douglas Wright, en varias ediciones y formatos).
Hay libros de juegos para resolver (La caja mágica y la colección El laberinto de los juegos, ambos con Douglas Wright; y Días de fuga de la prisión multiplicada).
Hay un libro de cuentos (La Ciudad de las Nubes). Además, Eduardo es fundador de Imaginaria (imaginaria.com.ar), revista en la Web sobre literatura infantil y juvenil, que codirige desde 1999 con Roberto Sotelo.
Por encima de todo, Eduardo tiene un hijo, lee mucho, y juega mucho con su computadora.
miércoles, 15 de abril de 2026
LA FAMILIA INVISIBLE
La
familia invisible
HABIA UNA
VEZ un señor y una señora invisibles. También una linda nena invisible. En
suma: una familia.
Vivían en Boulogne.
Apenas
llegaron al barrio, los vecinos tuvieron que acostumbrarse a algunas cosas que
eran raras sólo en apariencia: la máquina de cortar el pasto funcionaba sola;
la bicicleta se mantenía parada en el medio de la vereda.
Todo el
mundo reconocía a los invisibles por el perfume.
Y por el perfume los saludaban en el barrio.
La familia tenía siempre un rico olor a talco de azucenas.
Cuando alguien olía venir las azucenas, saludaba hacia allí sin ninguna duda:
—Buenas tardes.
—Buenas tardes —respondía alguno de los invisibles. La mamá, el papá, la
nena...
Cuando llegó
el mes de setiembre florecieron las azucenas en los jardines. Entonces hubo
algunos días de confusión.
Sin querer, los vecinos dejaron de saludarlos. O saludaban al aire creyendo que
los invisibles estaban allí.
Ni bien se dieron cuenta del error, reemplazaron discretamente sus azucenas por
portulacas que no huelen a nada.
Pero en
marzo los vecinos notaron algo diferente.
Un cierto aroma a humedad, a zorrino joven, a pelela en día de estreno, a
zoológico recién inaugurado aleteaba por la vereda mezclado con el olor a talco
de azucenas.
El barrio entendió enseguida.
Se alegraron mucho y felicitaron sinceramente a la familia:
El nuevo bebé invisible tomaba leche de una teta invisible, pero en todo lo
demás era igual a los otros bebés.








