El pavo Caruso
El pavo
Caruso se aburría y buscaba un amigo para jugar.
Un pollito
se acercó y le dijo:
—¿Jugás
conmigo?
—No, vos tenés un solo color. Busco alguien con plumas de muchos colores, como las mías.
El pollito
se alejó.
—¿Jugás
conmigo? —preguntó el sapo.
—No. Yo
quiero un amigo con plumas iguales a las mías.
El sapo se
fue.
Caruso entró
en un cobertizo y vio un pavo igual a él.
—Qué alegría —pensó—, por fin encuentro a alguien como yo.
Después movió una pata tímidamente en señal de saludo.
El otro pavo también lo saludó.
Caruso abrió las plumas para mostrar todos sus colores.
El otro pavo
hizo lo mismo.
—¿Jugamos a
las escondidas?
—preguntó Caruso—. Yo cuento, y vos te escondés…
Caruso se puso a contar, pero cuando abrió los ojos el otro pavo todavía estaba ahí.
—¡No te
escondiste!
Entonces contá vos y yo me escondo.
Caruso
corrió a esconderse.
Esperó mucho tiempo, pero el otro pavo no lo encontró.
Caruso salió
de su escondite y se lastimó el pico con una rama.
Volvió al
cobertizo y le dijo a su amigo:
—¿Por qué no
me buscaste? Ah… ya veo: vos también te lastimaste el pico,
pobre…
Y se acercó
a acariciarlo con una patita.
Pero no
pudo. Se golpeó contra algo muy duro y muy frío: era un espejo.
¡Su amigo no
era otro pavo! ¡Era él mismo, reflejado en un espejo!
Fue a buscar
al pollito y al sapo.
—¿Por qué
volviste? —le preguntaron.
Caruso
contestó:
—Es muy
aburrido estar con alguien tan igualito a mí…
Carla Dulfano
Te invitamos a conocer los datos curiosos sobre el Pavo Real

No hay comentarios:
Publicar un comentario