Este cuento fue escrito por Fabián Sevilla:
El Parque de Diversiones Cósmico
Lucas, el astrónomo, se aburría
extragalácticamente.
También… ¡como para no aburrirse!
Por obligaciones de su profesión, se pasaba
todas las noches mirando al
cielo a través de su telescopio. Y siempre las
mismas estrellas; y siempre la
Luna, ya que, aunque mudara sus fases, también
era la misma.
—Si al menos Marte cambiara de color o Saturno
perdiera un anillo
—deseaba Lucas, sin despegar el ojito del visor
del aparato.
Pero nada extragalácticamente novedoso ocurría
allá arriba y eso le fue
agriando el humor. De ahí que nadie se acercara
al observatorio, por lo cual,
además, sufría una gran soledad.
Una noche, Lucas miró por el telescopio y vio
millones de puntitos brillantes
que caían derechito hacia él. Al llegar a cierta
altura, se encendieron como
brasas, y les crecieron colas largas y
luminosas.
Creyó que, de tanto desear un cambio en el
cielo, ¡había causado que
las estrellas se desprendieran! Se preocupó
extragalácticamente y cerró los
ojos. Sintió un ruiderío infernal afuera y el
suelo se movió como si hubiera un
terremoto.
Cuando volvieron el silencio y la calma, se
asomó por la ventana y frente al
observatorio halló un montón de piedras. Algunas
chiquitas como guijarros,
otras medianas como osos dormidos, o muy
grandes, y que sin duda pesaban
toneladas por los cráteres que habían dejado
impresos al momento del choque.
—¡Meteoritos! —dijo sin equivocarse—. ¿Y ahora
qué hago con ellos? —se
preguntó.
Luego de recordar lo que venía deseando sin
éxito desde hacía tiempo, tuvo
una idea extragalácticamente brillante. Sacó sus
herramientas, salió a todo
galope del observatorio y se puso a trabajar.
Con los meteoritos más chiquitos marcó
rectángulos en el piso, que
separó con senderos. Dentro, sembró césped,
flores y plantitas. Acomodó
los meteoritos medianos uno al lado del otro.
Les hizo escaleritas y los unió
con pasarelas que él mismo construyó. Puso los
más grandotes rodeando el
observatorio y en cada uno colocó cartelitos que
había escrito con todo lo que
hay que saber sobre esos pétreos visitantes del
espacio. Llenó con agua los
cráteres. A los menos profundos, los transformó
en fuentes; a los más hondos,
les puso trampolines y se convirtieron en unas
piscinas adorables.
No descansó hasta que se sintió satisfecho.
Cuando dio por terminado el
trabajo, ya había amanecido, así que se aseó un
poco, se vistió bonito y corrió
al pueblo. Ya muchos habían salido a hacer sus
cosas. Por eso, parados en
medio de la plaza central, varios pares de oídos
escucharon a Lucas anunciar:
—Los invito al Parque de Diversiones Cósmico.
—¿Parque de Diversiones Cósmico?
—Sí… Hecho con meteoritos de verdad, para que
todos conozcan los
secretos del universo y, además, se diviertan
extragalácticamente.
¡No más aburrimiento, malhumor ni soledad!
La propuesta debió sonar extragalácticamente
entretenida porque, desde
ese día, el observatorio se llena de chicos,
grandes y ancianos. Curiosos y en
busca de alegría, caminan entre los jardines
marcados con los meteoritos más
chicos; recorren el laberinto hecho con los
medianos; o se plantan frente a los
más grandes para aprender y sorprenderse.
También dan de comer miguitas a
los peces que nadan dentro de las
fuentes-cráteres o se pegan un chapuzón en
las piletas-cráteres.
Ahora, cada noche Lucas mira al cielo y sabe que
no siempre es igual.
Cambia, se modifica. También mira por la ventana
del observatorio y se siente
extragalácticamente feliz de su ocurrencia,
esperando a que vuelva el día para
que el Parque de Diversiones Cósmico se llene de
gente, sorpresas y diversión.
Fabián
Sevilla
Palabras Claves:
Astrónomo: científico
que investiga las estrellas, los planetas, las galaxias
y
otros cuerpos celestes.
Profesión: trabajo
que tiene una persona que estudió y se preparó para
hacerlo.
Guijarros: pequeñas
piedras.
Pasarelas: puentes
para pasar caminando.
Pétreos:
hechos de piedra.
Cráteres:
huellas o marcas que quedan en la Tierra al caer los meteoritos.

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